México, 27 de julio.- El respaldo de casi siete de cada diez madres y padres de familia a la regulación del uso de teléfonos celulares en las escuelas se convirtió este lunes en el principal argumento del gobierno federal para impulsar un debate nacional sobre el impacto de las redes sociales, los teléfonos inteligentes y la inteligencia artificial en niñas, niños y adolescentes.
Durante la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum reveló que una encuesta consultada por su administración muestra que cerca del 70 por ciento de los padres de familia está de acuerdo en establecer reglas para el uso de celulares en los planteles educativos, reflejo de una creciente preocupación por los efectos que las pantallas tienen sobre el desarrollo infantil y juvenil.
La mandataria aclaró, sin embargo, que el propósito no es imponer prohibiciones unilaterales, sino construir acuerdos sociales que involucren a las familias, las escuelas y las autoridades.
“Hay una preocupación de madres y padres de familia en este sentido. Lo que queremos es que sea algo de consenso”, afirmó.
Sheinbaum explicó que prohibir el uso del celular únicamente dentro de las escuelas no resolvería el problema si los menores permanecen durante horas conectados en sus hogares.
“Si solo prohíbes que en las escuelas se use el celular, llegan a la casa y pueden estar cinco o seis horas con el teléfono en la mano, sin desarrollar actividades sociales o de otro tipo que permitan el desarrollo de la infancia y la adolescencia”, señaló.
Por ello sostuvo que la estrategia del gobierno privilegiará la concientización y la corresponsabilidad entre familias, estudiantes y docentes para fomentar hábitos digitales saludables.
El debate estuvo respaldado por especialistas en neurodesarrollo y prevención de adicciones, quienes expusieron evidencia científica sobre los efectos del uso excesivo de pantallas.
La investigadora de la Universidad de Washington, Lucía Magis-Weinberg, explicó que la adolescencia constituye una etapa crítica porque las áreas cerebrales relacionadas con las emociones y la búsqueda de recompensas maduran varios años antes que las encargadas del autocontrol y la toma de decisiones, lo que vuelve a los jóvenes especialmente vulnerables a los estímulos permanentes de redes sociales, videojuegos y plataformas digitales.
Advirtió que el uso intensivo de estas aplicaciones favorece el denominado estrés digital, deteriora la capacidad de atención, altera el sueño, incrementa el sedentarismo y desplaza actividades esenciales como la convivencia presencial, el aprendizaje y la construcción de la identidad.
La especialista recomendó fortalecer el acompañamiento familiar, establecer espacios libres de pantallas, promover hábitos saludables y avanzar hacia plataformas digitales más seguras para menores de edad.
En tanto, la especialista en prevención de adicciones Tania Jiménez García señaló que el llamado uso problemático de la tecnología comparte mecanismos similares a otras adicciones, debido a la elevada liberación de dopamina que generan las redes sociales y los videojuegos.
Explicó que la exposición constante modifica gradualmente el funcionamiento cerebral, reduciendo la capacidad para disfrutar actividades cotidianas y favoreciendo conductas compulsivas como la pérdida del control sobre el tiempo de uso, la necesidad creciente de permanecer conectado y la irritabilidad cuando se limita el acceso a los dispositivos.
Por su parte, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, afirmó que la discusión no debe limitarse a las escuelas, pues el principal reto se encuentra en el entorno familiar, donde los menores utilizan con mayor frecuencia los teléfonos inteligentes.
Añadió que, con la llegada de la inteligencia artificial, los algoritmos dejaron de ser herramientas pasivas para convertirse en sistemas capaces de influir en los hábitos, captar la atención y modificar conductas, particularmente entre adolescentes cuyo cerebro aún se encuentra en desarrollo.
Delgado recordó que recientemente Francia reguló el acceso de menores de 15 años a las redes sociales y señaló que México busca construir una política propia basada en evidencia científica, consenso social y protección del interés superior de la niñez.

