San Salvador Atenco, Estado de México, 3 de mayo.- A dos décadas de la represión en Atenco, la presidenta Claudia Sheinbaum colocó el acto conmemorativo y el Plan de Justicia no solo como una reparación histórica, sino como un mensaje político de fondo: México, dijo, no volverá a someterse ni a intereses internos ni externos.
En el cierre de su discurso, la mandataria lanzó una de sus definiciones más contundentes sobre el papel del Estado y la nación:
“Los que piensan que agachando la cabeza se sirve a la patria están muy equivocados; las mexicanas y los mexicanos siempre tendremos la frente en alto”.
Con esta afirmación, Sheinbaum vinculó la lucha de Atenco con una narrativa más amplia de soberanía, resistencia y dignidad nacional, retomando el legado de los movimientos históricos que, dijo, han defendido la independencia, la justicia social y la democracia en México.
La presidenta recordó que la represión de 2006 —durante los gobiernos de Vicente Fox y Enrique Peña Nieto— evidenció un modelo de poder que privilegiaba a las élites sobre el pueblo.
Hoy, afirmó, ese episodio se resignifica como símbolo de dignidad y resistencia, que desembocó en decisiones como la cancelación del aeropuerto en Texcoco y la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.
Sin mencionar actores específicos, Sheinbaum advirtió que hay sectores que aún consideran que la subordinación es una vía para “servir a la patria”, una postura que rechazó de forma categórica.
“Las mexicanas y los mexicanos siempre tendremos la frente en alto”, insistió, al tiempo que evocó a los grandes luchadores sociales que han marcado la historia nacional.
En el plano concreto, la mandataria anunció la restitución de 54 hectáreas al ejido de Atenco, como parte del Plan de Justicia, además de un reconocimiento a las víctimas de la represión.
Subrayó que estas acciones reflejan el cambio de régimen: “donde hubo despojo, hoy hay restitución; donde hubo represión, hoy hay diálogo”.
Sheinbaum insistió en que existe una disputa de fondo entre dos visiones de país: una que, dijo, representaba a la “oligarquía” y otra basada en el poder del pueblo.
En ese contraste, el mensaje final fue claro: la defensa de la soberanía no implica sumisión, sino dignidad.
“México tiene memoria, tiene historia y tiene un pueblo consciente”, concluyó.

