Barcelona, 26 de marzo.- A los 25 años, con una discapacidad motriz del 74 por ciento y un historial marcado por trastornos mentales, depresión profunda e intentos de suicidio, Noelia Castillo decidió poner fin a su vida mediante eutanasia en su propia habitación. Su caso ha generado una fuerte conmoción en España, no sólo por su corta edad, sino por la complejidad y dureza de su historia personal.
Un día antes de su fallecimiento, la joven compartió en televisión el sufrimiento que la llevó a tomar esta decisión. Describió una vida sin metas ni sentido, marcada por la soledad, la falta de comprensión y un entorno familiar que, según dijo, agravaba su dolor físico y emocional.
Durante dos años, Noelia emprendió una batalla legal para que el sistema sanitario le reconociera el derecho a morir dignamente. Este proceso lo enfrentó incluso a su familia, particularmente a su padre, quien, con el respaldo de la organización Abogados Cristianos, intentó frenar la solicitud por la vía judicial. Tras un largo recorrido en tribunales, el caso llegó hasta el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que finalmente falló a favor de la joven.
Noelia pidió que el procedimiento se realizara en su habitación, donde pasaba la mayor parte del tiempo, y en soledad. El proceso siguió el protocolo habitual en países donde la eutanasia es legal: primero se le canalizó una vía intravenosa, posteriormente se le administró midazolam como sedante, seguido de una dosis elevada de propofol para inducir anestesia profunda, y finalmente un bloqueante neuromuscular que detuvo la respiración sin que ella tuviera conciencia del momento.
Su condición física se originó tras un intento de suicidio en octubre de 2022, cuando se arrojó desde un quinto piso. Aunque sobrevivió, sufrió una lesión medular irreversible que la dejó con paraplejía. A esto se sumaba un historial de violencia y abandono: agresiones por parte de una expareja, un intento de violación grupal y una infancia en un centro tutelado, luego de que las autoridades le retiraran la custodia a sus padres.
Desde entonces, vivió principalmente en un centro sociosanitario, en silla de ruedas y bajo tratamiento constante por un trastorno límite de la personalidad con rasgos obsesivo-compulsivos, que le provocaban episodios severos de paranoia.
La autorización para la eutanasia fue otorgada en julio de 2024 por la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña, tras la solicitud formal presentada en abril y la evaluación de diversos especialistas. Sin embargo, el padre de Noelia impugnó la decisión, lo que dio inicio a una serie de recursos que escalaron hasta instancias europeas.
En su única entrevista pública, la joven expresó con crudeza su postura: afirmó que, aunque su partida dejaría dolor en los demás, su propio sufrimiento acumulado durante años era insoportable y que su deseo era simplemente dejar de padecer.
Desde la legalización de la eutanasia en España en junio de 2021 y hasta finales de 2024, se han registrado más de 2 mil 400 solicitudes. Menos de la mitad han sido aprobadas, mientras que una parte significativa corresponde a personas que fallecieron durante el proceso o cuyas solicitudes fueron rechazadas o retiradas. La mayoría de los casos corresponde a personas mayores de 60 años, lo que convierte el perfil de Noelia en un caso atípico.
No obstante, la legislación contempla situaciones como la suya, al incluir a personas que padecen un sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable, sin perspectivas de mejoría.
El caso de Noelia Castillo ha reavivado el debate sobre la eutanasia, poniendo en el centro no sólo el derecho a decidir sobre la propia vida, sino también las condiciones sociales, familiares y de salud mental que rodean este tipo de decisiones.

