Nueva York, 13 de septiembre.- Seis años después de vivir una de las derrotas más dolorosas de su carrera en el mismo escenario, Alexander Zverev regresó al Arthur Ashe Stadium para cerrar la herida pendiente y conquistar por primera vez el US Open, con lo que completó una temporada histórica al sumar su segundo título de Grand Slam de 2026.
El alemán, primer sembrado del torneo, derrotó al estadounidense Ben Shelton por 6-3, 7-6, 5-7 y 6-2 en una final que por momentos pareció complicarse, pero que terminó confirmando a Zverev como el tenista más destacado de la temporada.
El triunfo tuvo un significado especial para el alemán. En 2020, en ese mismo estadio, Zverev estuvo a un paso de conquistar su primer Grand Slam frente a Dominic Thiem.
Después de colocarse dos sets arriba, dejó escapar la ventaja y llegó a tener oportunidades para sacar por el campeonato durante el quinto parcial, antes de terminar cediendo el título.
Aquella derrota quedó como una de las grandes cuentas pendientes de su carrera. Ahora, seis años después, Zverev regresó a Nueva York y, esta vez, no dejó escapar la oportunidad.
La campaña 2026 representa además el año de su definitiva consagración en los grandes escenarios. Zverev comenzó la temporada de Grand Slam levantando el trofeo de Roland Garros y terminó el verano estadounidense haciendo lo propio en Flushing Meadows.
Dos títulos de Grand Slam en una misma temporada lo colocan en la cima del tenis mundial y ponen fin a una larga espera por conquistar los torneos que durante años se le habían resistido.
Un camino complicado hasta la final
La conquista del US Open tampoco fue sencilla. Zverev tuvo que superar desde las primeras rondas partidos de máxima exigencia y comenzó su participación disputando dos encuentros que se extendieron hasta el quinto set.
Esos duelos pusieron a prueba su resistencia y capacidad para mantenerse con vida en el torneo. Sin embargo, el alemán consiguió superar cada obstáculo hasta instalarse nuevamente en una final de Grand Slam en Nueva York.
Del otro lado de la red apareció Shelton, quien cargaba con la presión adicional de jugar ante un público estadounidense que esperaba ver a un tenista local volver a conquistar el torneo.
El Arthur Ashe Stadium se volcó con el estadounidense, quien buscaba convertirse en el primer campeón estadounidense del US Open desde Andy Roddick en 2003. La presión, sin embargo, no impidió que Zverev mantuviera la concentración.
Zverev toma el control
El alemán salió decidido a imponer condiciones. Con un servicio sólido y una mayor consistencia desde el fondo de la cancha, consiguió controlar los intentos de Shelton y se llevó el primer set por 6-3.
El segundo parcial fue mucho más equilibrado. Shelton consiguió mantenerse cerca en el marcador y llevó la manga hasta el desempate, pero Zverev volvió a responder en los momentos importantes para quedarse con el tie break y colocarse a solamente un set de levantar el trofeo.
Con una ventaja de dos sets, el título parecía encaminado para el alemán. Sin embargo, Shelton se negó a ceder ante su público.
El estadounidense elevó su nivel en el tercer set y encontró el quiebre que necesitaba para evitar otro desempate. Con el respaldo de las tribunas, Shelton ganó la manga por 7-5 y consiguió alargar la final.
El escenario comenzó entonces a recordar las remontadas que durante años habían marcado algunos de los momentos más difíciles de Zverev.
Pero esta vez la historia fue diferente.
El alemán no dejó escapar la oportunidad
Zverev respondió inmediatamente en el cuarto set. Consiguió un quiebre en los primeros compases y tomó una ventaja que le permitió recuperar el control de la final.
Shelton intentó reaccionar, pero el alemán mantuvo la presión. En el momento decisivo volvió a romper el servicio del estadounidense y abrió el camino definitivo hacia el campeonato.
Con el 6-2 del cuarto parcial, Zverev puso punto final al partido y, finalmente, pudo levantar el trofeo que seis años atrás había tenido tan cerca.
La reacción del alemán después del último punto reflejó la magnitud del momento. Durante unos instantes permaneció prácticamente inmóvil, como si necesitara comprobar que aquello realmente estaba ocurriendo.
Fue hasta observar la celebración de su equipo en el palco cuando terminó de asimilarlo: había conquistado el US Open.
Esta vez no hubo remontada en contra, ni oportunidades desperdiciadas, ni un campeonato que se escapara en el último momento.
Hubo revancha.
De la frustración a la consagración
La victoria en Nueva York transforma definitivamente la narrativa de la carrera de Zverev. El alemán ya no es solamente aquel jugador que durante años buscó su primer Grand Slam y que estuvo cerca de conseguirlo en repetidas ocasiones.
En 2026 se convirtió en campeón de Roland Garros y del US Open, dos de los cuatro grandes torneos del calendario, y cerró el año como la principal figura del tenis masculino.
La imagen de Zverev celebrando en el Arthur Ashe Stadium representa así mucho más que un nuevo título: es la culminación de un proceso de seis años desde aquella derrota ante Thiem y la confirmación de que finalmente logró convertir su enorme potencial en dominio en los escenarios más importantes.
Para Shelton, en cambio, la derrota prolongó una espera histórica para el tenis estadounidense.
Desde el campeonato de Andy Roddick en 2003, ningún jugador local ha vuelto a conquistar el US Open en la rama varonil.
Shelton tuvo la oportunidad de poner fin a esa sequía ante su público, pero terminó encontrándose con un Zverev que llegó a Nueva York decidido a cerrar una historia que llevaba seis años abierta.
Y esta vez, el alemán fue quien tuvo la última palabra.
