México, 13 de julio.- Documentos oficiales de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) dados a conocer por el exsubsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, confirman que Julio César López Patzolzin, uno de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa desaparecidos el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, era al mismo tiempo un soldado del Ejército mexicano infiltrado en la institución como parte de un operativo de inteligencia militar.
La información proviene de un contrato de reclutamiento como soldado de Infantería y de un informe interno de la Sedena fechado el 21 de octubre de 2014, documentos difundidos por Encinas en su cuenta de X, en los que se acredita que López Patzolzin operaba como Órgano de Búsqueda de Información (OBI), con la instrucción de mantenerse “con fachada de alumno” dentro de la Normal Rural.
El informe, elaborado por la 35 Zona Militar con sede en Chilpancingo, constituye una de las evidencias más relevantes sobre el nivel de conocimiento que tenía el Ejército respecto de las actividades de los estudiantes antes, durante y después de los hechos ocurridos la noche del 26 de septiembre de 2014.
De acuerdo con el expediente, López Patzolzin fue incorporado en enero de 2014 al Pelotón de Información de la Sedena y posteriormente ingresó a la Normal Rural como estudiante de primer año de la Licenciatura en Educación Primaria, desde donde desarrollaba labores de inteligencia para informar de manera permanente a sus superiores sobre las actividades del movimiento estudiantil.
El documento detalla que el día de la desaparición, a las 11:30 horas, el militar realizaba labores de inteligencia dentro del plantel.
Horas más tarde, alrededor de las 18:30 horas, reportó a sus mandos que dos autobuses con estudiantes habían salido rumbo a Iguala, aunque dijo desconocer cuál sería su destino final.
Tras registrarse las agresiones contra los normalistas en Iguala, López Patzolzin intentó comunicarse con estudiantes que regresaban a Tixtla para conocer lo ocurrido, sin obtener información sobre el paradero de sus compañeros.
Posteriormente informó a sus superiores que los estudiantes habían sido atacados con armas de fuego por elementos de la policía municipal de Iguala.
El informe también revela que la Sedena mantuvo comunicación constante con el soldado infiltrado mediante llamadas telefónicas y mensajes esporádicos; sin embargo, después de los ataques se perdió todo contacto con él.
Ante esa situación, los mandos militares ordenaron verificar su identidad, establecer contacto con sus familiares, revisar sus redes sociales e intensificar las acciones para localizarlo.
El expediente incluso documenta la entrega de apoyos económicos a sus padres mientras continuaban las labores de búsqueda.
En sus conclusiones, el informe reconoce que hasta el 21 de octubre de 2014 el Ejército desconocía el paradero de Julio César López Patzolzin, quien continúa desaparecido y forma parte del grupo de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.
La revelación fortalece las evidencias de que las Fuerzas Armadas mantenían presencia e inteligencia al interior de la Normal Rural y seguían de cerca los movimientos de los estudiantes, incluso el mismo día de los ataques.
Al mismo tiempo, confirma que una de las víctimas de la desaparición forzada era también un elemento activo del Ejército mexicano que reportaba directamente a la Sedena, un hecho que vuelve a colocar bajo escrutinio el nivel de información y actuación de las autoridades militares durante uno de los casos más emblemáticos de violaciones a los derechos humanos en México.
