Buenos Aires, 26 de noviembre de 2020 (La Nación).- La morada final, el campo en el que la pelota hizo la última pausa, fue un terreno reservado para pocos.
La familia y los allegados íntimos, un minúsculo y selecto grupo de treinta personas que acompañó el breve responso que se desarrolló bajo una pérgola que tuvo arreglos florales y un puñado de bancos.
Lejos de las cámaras, de los ojos indiscretos, el Jardín de Bella Vista recibió a Diego Maradona, que dormirá eternamente muy cerca, a metros de las dos personas que más amó y extrañó en estos últimos años: sus padres, Dalma Salvadora Franco, Doña Tota, y don Diego Maradona, Chitoro.
El ídolo, finalmente descansa en paz. Su legado futbolístico ya era eterno desde mucho antes.
De la ceremonia participaron su exesposa Claudia Villafañe y sus hijas Dalma y Gianinna; las hermanas Ana, Rita, Elsa, María Rosa, Claudia y su hermano Raúl; su hijo Diego Fernando y su madre Verónica Ojeda; su hija Jana; Guillermo Cóppola, el abogado Fernando Burlando, y el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni.
El féretro, con la bandera argentina envolviéndolo, fue transportado a manos por los familiares y amigos entre la emoción, lágrimas y los llantos compartidos.
Las palabras del sacerdote, un aplauso corto. Las exequias se realizaron en un ambiente de tranquilidad, dentro de un respetuoso silencio.
Muy a lo lejos se escuchaban, a unos 300 metros de la entrada del Jardín de Paz, a unos 200 seguidores con bombos y banderas, y el «olé olé olé, Diego, Diego…». Poco después de las 20:00 horas, los allegados comenzaron a retirarse.